Existe un mito que nos aleja del bienestar: "para dibujar, hay que tener talento".
En la Arteterapia Zen, el talento es secundario; lo que importa es la presencia.
Esta disciplina combina la filosofía del "aquí y ahora" con el proceso creativo para ayudarte a soltar el control.

Cuando pintamos MANDALAS el diseño ya está ahí para sostenerte (la estructura), permitiéndote que vos solo te ocupes de fluir con el color o el trazo.
Es una invitación a apagar la autocrítica y encender la curiosidad.
Si podés sostener un lápiz, podés meditar creando. El arte es el medio, pero la calma es el fin.
